"Otra vez esa desgarrada voz está desatando los latidos de mi corazón cuando aún lo sentía perecer despacio, sensación desgastada que me trae los recuerdos más infames de cada segundo en el cielo ardiente, masculino y pesaroso de sus manos sobre la madera. Cada golpe de martillo era como un recuerdo cruel de tu mirada atravesando los pasillos que recorrían la casona, que nos llevaban de un lado para otro corriendo sin fin y nunca nos ayudaba a encontrarnos cuerpo con cuerpo. Hasta que al final, en el laberíntico cruce de la estrecha escalera de la trastienda ocurrió, tu pecho contra el mío, una caída leve en el suelo, tú mirándome y tendiéndome tu mano, un beso dulce en los labios cortados del frío y una canción de fondo... que borró el recuerdo cruel de tu falta y esa necesidad imperiosa de volverte a ver y no sólo escucharte."
Ana Belén Úbeda.
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