Vibrando con el helor del frío
se encontraba su piel nívea y rosada,
sobre la nube de sábanas blancas,
bajo la hombría de una noche final...
Vibrando bajo las yemas de aquellos dedos
se encontraba abierta la vereda,
aquella calle oscura y estrecha
que para aquel caballero, era primer hogar.
Vibrando y tras el cristal nuevas estrellas
que iluminaban su estancia apagada,
sacudida del clamor de una desgarrada
y decidida voz...
Ana Belén Úbeda.
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