domingo, 2 de marzo de 2014

Samara

 La llamada se produjo a las dos de la mañana, al otro lado del charco era fácil adivinar que podía haber pasado, la guerra había comenzado... ¿Occidente volvería a derramar la sangre de sus ciudadanos contra el vasta Rusia? ¿Cómo quedaría la República implicada en el enfrentamiento por la independencia lingüística? Hasta el momento, Samara apenas había escuchado la voz del general y supo que debía acudir urgentemente al Pentágono para ingresar en "el cuerpo de ayuda", lo cual no era más que un eufemismo de tropa... Preparada para su primera misión, arribo en al base y tomo su equipo, las instrucciones y el primer avión del ejército estadounidense para Kiev.

 El frío norte la recibió con un triste panorama, desde la furgoneta sólo se veían cuerpos abandonados en cunetas, la sangre de inocentes luchando, el separatismo y el interés de un presidente retorcido manejando los hilos en la sombra, ni en las pesadillas del continente se podía pensar que algo así podría volver a suceder.Nuevas generaciones viviendo relativamente cerca un cambio, el principio de algo remotamente conocidos para ellos. Samara que lo sabia, vio sus esperanzas en aquella gente, en hacer el mundo un poco mejor y ayudar con la evacuación.

 Ayudo a subir a aquellos pequeños inocentes, los besaba a todos en la frente y ponía sus nombres en pulseras de plástico para que su familia que pronto sería evacuada los encontrase en los refugios habilitados, todo iba según lo previsto y ella sentía cierta tranquilidad, podía respirar en aquel ambiente infestado de corrupción y promesas electorales rotas. Mas la desgracia ocurrió tras la evacuación que duro un par de días... ella fue  capturada por los invasores, su marido la esperaba al otro lado y no sabía que había podido pasar... maniatada y amordazada en un sótano, junto a la única esperanza de que sus compañeros, tan jóvenes y novatos como ella pudieran encontrar aquel lugar.

Pasaron días de penuria bajo el yugo del idioma extranjero, del poco conocimiento que había podido procurarse y mirando a la pequeña ventana de lo alto del sótano, encontró su solución, apenas con un movimiento brusco en aquella soledad silenciosa y desesperante rompió el respaldo de la vieja silla de madera, con una astilla rompió la cinta y pudo quitarse la de la boca, subiéndose con cuidado a las estanterías ya vacías de provisiones rompió la ventana con el madero y salió escurriéndose entre los marcos. Estaba fuera aunque perdida.

 Decidió dar una vuelta alrededor para ver quien quedaba y descubrió su abandono, así que entro... tomo su busca, sus armas aún no descargadas por descuido de los secuestradores y se comunico con Graham, su compañero de Orlando, pronto la encontraron en medio de la carretera indicada y subió al camión, de vuelta al refugio, le esperaba otra realidad... la primera sonrisa inocente que rescato había caído en manos del "enemigo", en una guerra sin sentido.

Ana Belén Úbeda.

1 comentario:

  1. Sigues siendo todo lo que quiero.. gracias por esta entrada.. me suena un poco.. te quiero.

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