Un
destello oscuro se aferró a tus labios en la noche de amores ingratos que tuvimos, te mire y me pregunte por décima vez que tan inquietante era aquel sentimiento de
complicidad, tus uñas contra mi piel
como cuchillas asidas a mis sensaciones, tus labios perdiéndose por mi piel...
y obcecada, desesperada, engreída, alce el vuelo. Vuelo detenido por la fuerza de tu antebrazo
presionando mi espalda, por la fuerza
del deseo impetuoso, que me aprisiono en tu mirada, en un movimiento vertical
incesante de sensaciones hostiles y necesarias, hicieron arder mis labios en tu
piel y tú, triunfante, llegaste a la meta, y alaridos gustosos llenaron la noche,
despertaron oídos ajenos y confirmaron de corazón esta unión.
Incesante e inconstante,
como un suspiro de plástico en el suelo...
Ana Belén Úbeda
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