lunes, 23 de noviembre de 2015

La noche eterna.

  Una larga melena rojiza caía sobre la nívea espalda de Helena. Indeterminados y constantes sus suaves cabellos acariciaban su piel durante el despertar, el moño improvisado se había deshecho durante la noche. En el borde de la cama sentada observaba la puerta abierta. Sentía el viento que recorría un precipicio, la misma sensación de vértigo se empeñaba en identificarse con el olor del hombre que había rozado su piel en la madrugada. La fragancia le abrumaba y enloquecía sus sentidos. De repente, salió de su estado de éxtasis y le vio apoyado, atento a ella, en el quicio de la puerta. Sonrió, ya estaba vestido, pero en su mirada se atisbaba el miedo de quién va a ser invitado a marchar.  Sin embargo, a pesar del vértigo, se acerco a él y apoyo su cabeza en aquel pecho cómodo y suave que había sido cobijo, acarició su cabello azabache y le sonrió de vuelta. Su invitación a quedarse estaba hecha. 

 Helena pidió permiso y marchó a la ducha, se vistió y fue para el salón. Él había arreglado la habitación sin su permiso y le susurró creía que tendría que irme...  Sabían que no eran como los demás, no transmitían el frío y mutuo interés de un hombre y una mujer que buscan una simple noche, pero ni mucho menos era perfecto, aunque aquella mirada bastó. Con cierta complicidad se acariciaron las manos mientras hablaban de sus gustos musicales y hacían el desayuno, coincidían en muchas cosas. Los rayos de sol atravesaban el recién exprimido zumo de naranja y el reflejo naranja caía sobre el azulejo blanco. El café estaba ardiendo, esperaba sobre la mesa cuando el teléfono sonó y mientras Helena contestaba, Matías besaba su nuca y olía su pelo, a los minutos colgó:
 
   - ¡No soy el desayuno!
   - Discúlpame. No pude resistirme.
   - Anda que si me llego a reír hablando con mi madre. Parecen mentira los 26 años que tienes.
   - Y los tuyos, poniéndote así.

  Lo miraba atenta y de manera pícara, como si lo estuviera retando, él tomó su  barbilla con dos dedos y acercó su rostro, ella siguió jugando a esquivar y se fue a la cocina, Matías le seguía el juego. Ella solía hacer ejercicio los domingos como ese, él era más de hacerlo el resto de la semana pero pasaron por su casa y tomó sus ropas de montaña. Conforme subían el pedregoso camino, el aire limpio llenaba sus pulmones y la ciudad se extendía cada vez más imponente ante su vista. Llegaron al final, él iba algo más cansado, pero ella estaba como nueva a pesar de la noche anterior:

   - Qué fuerte eres...- decía Matías casi para sí mismo completamente anonadado-.
   - ¿Sorprendido?
   - ¿Sueles hacer esto después de noches así?
  - No suelo tener noches así. Y me encanta mostrarte dónde vengo a pensar - rodeo su cadera y mordió su oreja por debajo del gorro que cubría su pelo-. ¿No te gustan las vistas?
   - Me encanta la ciudad desde que anoche cruzaste tu mirada con la mía. No necesito más. Eres muy dulce.
   - Esto debe ser un sueño...
   - Del que no te voy a despertar. Es nuestra noche eterna sin fin.


 Love of Lesbian - La Noche eterna

"Me hundí en tu noche .. Y el placer fue infinito y tan oscuro que pensé ... tejer mi bandera con un círculo de estrellas. La luna en un rincón, te has convertido en mi nación. Y yo, eclipsado .. soy un faro a pleno sol".

https://www.youtube.com/watch?v=JTNAPNZlGi8

Ana Belén Úbeda Bernal.

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