Una pequeña risa salía de sus labios al recordar quien era él para ella y cómo serían juzgados, pero le dio igual, y siguió entregándose, toco su pierna y él la acostó sobre el colchón, de repente, la ropa empezó a desaparecer y un leve roce de su músculo sobre su barriga le hizo encogerse: ¿tienes miedo? Lo negó y volvió a aferrarse a él mientras lo besaba y deslizaba sus manos hacía la comodidad de su espalda, él rozó todas sus curvas con besos a la vez que acariciaba su cabello y le decía mil cosas sobre lo que sentía en ese momento. Abrió sus ojos, asintió a cada palabra y mordió lentamente la zona entre el cuello y el oído, él ronroneo y la apretó contra él, aún más, haciéndose cómplice de su propia locura.
Ya no había nada que esconder, sus manos rozaban el botón donde empezaba y acababa todo, era la primera vez que la tocaban así y la conexión se sentía a todas las escalas. Aquella relación ya no era solo música, relatos, compañerismo, complicidad o cualquier cosa que hubieran vivido juntos, sino que iba más allá, a calmar el dolor de ambos. Y así en un gemido despertó, floreció de golpe, lo aferró contra aquella parte de su cuerpo donde no había frío, solo un hogar.
Anido luego ella sobre él en ligera pasión perdonada al calor de la estufa, bajo aquel edredón azul, discurría una noche de largo letargo, llena de pecado y de amor, ya que pronto vendrían los quebraderos de cabeza, los qué has hecho, los por qué... y lentamente, él retorciéndose bajo aquel cuerpo de mujer, le hizo mirarlo a los ojos, le pidió un te quiero. Se lo concedió, ya nada tenía que perder y mientras emanaba el placer, ambos sabían que había llegado el momento.
En aquellos momentos, la mente estaba en blanco y él la poseyó lentamente, posándose sobre su cuerpo, las edades hacía rato habían dejado de importar, solo importaba la mirada, el afecto, el cariño y el deseo, con sumo cuidado se adentro en la gruta y la descubrió por primera vez sin dejar de quererla a cada paso. Se escucho un tenue Gracias por ser tú sumergida entre su pecho y la almohada, otro gemido más, arañando aquella espalda, otro beso más, otra embestida y el corazón dejo de latir, él uno era del otro. Llego al final y con el dulce roce de sus labios sello la última unión, infinita, inigualable, mejor que ninguna, nueva, diferente, bohemia... sin adjetivos para describir aquella inocencia de mujer y aquel pecado de hombre. Y sin más palabras, un abrazo eterno, sueño, silencio, dolor, felicidad y miedo, el de dos personas señaladas por todos los demás, si se descubría aquella unión.
Ana Belén Úbeda- Entre las sombras de tu cabello.
"Feliz año nuevo 2013 a todos, cierro con este relato y espero que os guste. Va dedicado a mi mejor amigo que esta pasando por un mal momento y en parte, a todos aquellos que tengan un amor o que desean a alguien con el que no pueden estar por las circunstancias que sean. Os deseo mucha felicidad, que se cumplan vuestros deseos y que no sufráis. Brindad con los que queréis y valorad lo que tenéis, sin duda, será aquello que hará empezar el año con buen pie. Un beso a todos mis lectores, mucha suerte."
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