viernes, 22 de febrero de 2013

13. Capítulo 2.

  Andrés no podía dormir, solo soñaba con ella, con sus manos resbalándose por su espalda durante un dulce beso y agarrando fuerte la sábana, se preguntaba cuando la volvería a ver, necesitaba hacerla sonreír, en definitiva,  hacerla sentir viva. Ella, por su parte, pensaba en él y su antiguo amor desaparecía por segundos, era tan fuerte el poder de aquella melodía de guitarra, la sentía tan dentro suyo  como aquella dulce y masculina voz que la hizo sentir amada. Él sentía su olor, no lo soporto más y salió a correr de madrugada, no podía parar, la adrenalina le quemaba las venas, su respiración se entrecortaba, necesitaba sacarla de su cabeza, mientras ella escribía y escribía sin parar, pensando que así lo sacaría de su cabeza... los dos susurraron: ¿por qué no me olvido de ti?

  Ya era viernes, Magda revisaba cada palabra de lo que había escrito, era bueno, tenía sentimiento, él se duchaba y no dejaba de recordarla, te necesito, salieron a la vez de casa, a estudiar, a hundirse en sus libros, nadie podía hacer eso como ellos, eran obcecados, orgullosos y dos grandes enamorados de sus respectivos estudios. Sin embargo, ella llegó antes, a eso de las 9 menos 10 y el cinco minutos después, sobresaltado la miró, mismo piso, misma fila de mesas, distinta fragancia; lo miró cómplice, él se acerco y acarició su hombro, se dieron dos besos silenciosos y procedieron a estudiar. Habían pasado dos horas, se levantaron para ir a por un café, llevándose sus cosas, algo les decía que no volverían allí, de camino se rozaron las manos y no dijeron nada, solo fue junto a ella, dejándola elegir, acariciando su aire.  Un capuchino largo de leche, un café solo, eran opuestos en algo más pero se miraban con ternura.  Se sentaron en un banco de la plaza, se acercaron lo suficiente y ella se atrevió a hablar:

  -¿No has dormido mucho, no? -Y acarició una de sus ojeras-.
  -La verdad, solo pensaba en ti, tuve que salir a correr para ver si salías de mi cabeza... tienes ese misterio tan precioso que siempre he buscado.
  -No digas esas tonterías... -él acarició su parpado inferior con la misma dulzura que rozaba su otra mano-. ¿Por qué me miras así?
  -Tampoco has dormido, ni te has echado cacao en los labios - se humedeció los labios con el café- y me apuesto lo que sea, a que te pasaste la noche escribiendo poemas en esa libreta roja que llevas en la mochila... ¿me equivoco?
  -Eres un creído, muy bueno adivinando, demasiado romántico y observador. Eres... - y las palabras no pudieron salir de su boca, él la beso-.  
Perfecto, sonó en su cabeza...

 Un beso lento, meticuloso, apasionado como nunca antes, sin duda el mejor en mucho tiempo... con sabor al café caliente que inundaba su lengua, que volvía a acariciar sus labios al mismo tiempo que su espalda, unos brazos rodeándose al cuello, una entrega total... vencida entre sus besos perfectos con aquella magia. Él sonrió al acabar, riéndose aún en su boca, y le susurró un inesperado: Lo siento. Ella lo tranquilizo con un dulce beso en la mejilla y también se rió, le había hecho cosquillas, un te quiero sin palabras... 13 gotas de lluvia sobre la melena rizada, que los hizo correr juntos para resguardarse, que marcaron el inicio de algo tan bonito como complicado, casi no se conocían...

Ana Belén.


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