El olor de su perfume estaba clavado aún en su bufanda a cuadros, no podía creerlo, mientras ella miraba el teléfono a la espera de recibir esa llamada o mensaje que diría ¿cuándo nos vemos? Sin embargo, el orgullo les impedía hacerlo, unos besos, unas caricias y unas risas no habían sido suficientes para darse cuenta de que aquello ya era amor de verdad. Unos amores crecen con el tiempo y otros vienen de golpe, Andrés lo acababa de comprobar mientras Magda intentaba no dejar decidir a su corazón. Era tarde, de noche, se recreaban en el recuerdo, llego el mensaje, ella contesto y le escribió un cariñoso te echo de menos. Al día siguiente, el café ya no necesitaba tanto azúcar, ni tan poco, a ambos les recordaba el sabor del otro y la inseguridad se hizo eco de aquellos dos corazones.
Ella organizaba el archivador, pasaba apuntes, intentaba ser lo más ordenada posible, dejar su mente en blanco, ya que él pasaría a recogerla pasada una hora y se negaba a aceptar que aquel encuentro iba a ser demasiado especial y nuevo para ella. Paso la hora. Él toqueteaba impaciente el volante, se la imaginaba, se preguntaba como se vestiría y miró la bolsa que llevaba en el asiento de atrás, la cual contenía la cámara, un e-book y el regalo que se había pasado buscando toda la mañana. Bajo corriendo, llego al coche y cuando entró se lanzó sobre él y le beso en los labios, sus lenguas se rozaban frenéticamente, desprendiendo el miedo en aquel sentimiento mutuo y sonriendo sus corazones, y casi sin respiración, le pregunto dulcemente: ¿a dónde vamos? -Es sorpresa.
Arrancó, prácticamente no hablaron durante el camino, él saco la bolsa y empezaron a andar hasta el lugar elegido, él solo saco la cámara y empezó a fotografiar cada uno de sus movimientos, a veces jugando, otras buscando sus besos, otras solamente, esperando a que se acercara a él para abrazarlo. Luego, se sentaron en la arena, le dio el regalo, un libro... uno que ella deseaba desde hace mucho tiempo y lo abrazo muy fuerte, despejándose en aquel momento, todas sus dudas sobre lo que sentía, era tarde... ya lo amaba demasiado como para echarse atrás, y para él, ella era la más bella del mundo, hasta cuando se enfadaba por las fotos sin permiso. Amor en estado puro se susurraba...
Siguieron la tarde, leyendo juntos, recostados encima del otro, mirándose como si el mundo nunca fuera a acabarse, soñando simplemente... un beso más dulce que el anterior, una caricia más suave, un te quiero sin fin, y empezó a llover otra vez, recogieron y se fueron corriendo al coche, donde riéndose y sin arrancar, se quedaron mudos mirándose...
Ana Belén.
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