jueves, 4 de abril de 2013

13. Capítulo 4.

 Magda miró a Andrés, volvían a casa, ella no dormiría hoy en su cama, sino en la de él, el corazón se desbocaba, ya llevaban dos meses juntos y los días pasaban demasiado rápido. La fragancia de ella penetraba en su olfato como nunca antes, se mezclaba con el aire y le hacia estremecer cuando la sentía cerca, en ese momento en que la abrazaba por la cintura y besaba su cuello lentamente para hacerla reír, como casi siempre que la sorprendía saliendo de clase. La había convertido en su diosa, y sus dedos tintineaban en el volante, impaciente por enseñarle su humilde habitación, por presentarle a su familia, por acariciarla en esa intimidad que tanto esperaban, él jugueteaba con ese momento en su cabeza y ella lo miraba curiosa, como si estuviera observando a un pájaro exótico cantar en invierno.

 Aquel día hacia calor, demasiado como para concentrarse, y antes de entrar a su casa, Magda mojo sus labios con agua fría de su botella azul, él se recreaba admirando ese momento y seguidamente, la beso, penetrando lentamente por su boca, descubriéndola de nuevo, apoyando las manos en sus caderas, acariciando su espalda, devolviéndole el pulso de su imaginación, descubriendo sus intenciones a las que ella no se negaba, sino que se entregaba ciegamente mientras se escapaba una risa... le había mojado los labios y el agua hacia cosquillas, siempre acababan riéndose después de un beso.

 Entraron, sus manos no se separaron un segundo, la mesa estaba puesta y todos la recibieron con un cálido saludo, se alegraban de que hubiera llegado a su vida. Una larga charla después, bromas con la familia, risas, se levantaron de la mesa y Andrés acomodó su bolsa en la habitación mientras ella acariciaba el borde de su cama, tocando sus sabanas y fijándose en el marco digital donde exponía cada una de sus fotos: solo ella y él.
   -Así que tu familia me conocía porque ven todas nuestras fotos ahí... Parece interesante.
   -No es interesante, es amor, así te veo toda la noche antes de dormir y sueño contigo, -la cogió por la cintura- ¿nerviosa?
.  -¿Por? Solo estamos en tu habitación.
   -Ahí hay una cama donde quedarías muy bien tumbada, -le susurraba mientras besaba su cuello- entre otras ideas que se me ocurren para ti... como la de dormir abrazados.
   -Se que se te pasa por esa cabeza y secundo la idea, pero el silencio no me va mucho... -acarició sus labios y le beso- me gusta el ruido y ser solo para ti, que me escuches solo tú.
   -Lo sé, mi coche lo sabe... cuando nos besamos ocupamos demasiado espacio  y te vuelves tan intensa...

Y lo beso, sin decir nada, acarició su espalda, bajo sus manos y lo llevo a la cama... el corazón no tenía suficiente espacio en el pecho aquella tarde.

Ana Belén Úbeda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario