"Aquella sensación era insoportable, frenética, desesperada, cálida y a la vez, tan y tan agradable, no entendía como me gustaba tanto algo tan sencillo como su mirada sobre la curva superior de mi escote, siempre miraba ahí, era una manía demasiado arraigada, a veces me hubiera gustado quitársela, pero era demasiado fastuoso hacerlo y más divertido ver como sufría por no poder tenerme. Era gracioso ver como se acercaba a mi y me decía esas cosas, buscando no sé, ¿cobijo? Pero un día ocurrió sin querer, no pude negarme, sus labios cubiertos de las gotas del agua mineral de la botella me tentaban como nunca, y su barbita de dos días me llamaba a él, maldita primavera- me repetía con saña-. Acaricie lentamente su hombro, luego bese su cuello y lentamente, fui hacia su boca, me miraba sorprendido, mareado, sonriendo, una mezcla extraña de sentimientos desconocidos para él... y en especial para mi, tan novata e idiota como siempre. Me quede en silencio, mirándole, acariciando sus manos, le pedí perdón y él tan atractivo como siempre, pero tan bestia, siguió mirándome el escote, acariciando la idea de tenerme para él, pero sin pedir nada."
(Inspiración: La Cruda Realidad- Película)
Ana Belén Úbeda Bernal.
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