Atemorizada despertó, mirando el reloj que cada vez sonaba más fuerte en su cabeza:
¡Cloc Cloc! Era como si hubiera estado meses muerta en vida, simplemente ocupándose de sus obligaciones y tratando de no pensar en mas realidad que aquella. Lo último que recordaba de sus días felices era aquella dulce voz, la de su mejor amiga, asegurándole que todo iría bien, que ésta vez todo cambiaría y volvería a ser la chica feliz y decidida de antes, ya que la seguridad volvió tras meses de introspección. Se descubrió radiante en el espejo, con energía y sin miedo, admirándose en su nuevo yo, era mucho más dura y se sentía libre. La risa iluminó toda la estancia, ella volvía a sentirse capaz de todo.
La alegría de sus seres queridos era palpable, pero ahora sólo le importaba una persona. Él no estaba allí, pero asumió que si él no llegaba, tendría que salir a buscarlo ella, así que cogió sus tristes ahorros de universitaria, una mochila con lo necesario, una habitación en un hotel y marchó para aquella ciudad, sólo esperaba encontrarlo. Y así fue, en la misma estación, la esperaba, alguien lo había avisado y con un dulce abrazo, se entrelazaron para un ¿siempre juntos?
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Ana Brlén.
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