"Una lágrima callada corría por aquel rostro de porcelana, la desolación había acabado con todo lo que hasta ese momento creía que era su vida, se descubrió vacía ante los lobos, pero nunca sintió la rendición de aquello que habían llamado agotamiento. La verdad hasta ese momento es que en sus innumerables salidas nocturnas no había conocido a nadie, aunque había hecho buenos amigos con los que hablar y reír durante un rato, ella había aprendido a vivir con ese sentimiento de autosuficiencia y de satisfacción por su tranquila vida, pero, de repente algo cambió, su corazón latía a un ritmo frenético y no era por sus continuas salidas para mejorar su figura, sino por el amor que nunca había sentido hacia sí. Descubrió en eso que todos juzgan egoísmo, la manera de protegerse contra el dolor y conseguía desinhibirse sin necesidad de una copa, sino simplemente con el sonido de la música llenando su cuerpo, ante la mirada atenta de depredadores esperando un error que la llevará a sus camas. Aquella lágrima derramada se había convertido en un razón de peso para evitar cualquier contacto, el dolor producido por el rechazo tras haberlo dado todo, tras haberse entregado a quien de una manera u otra la había amado, le recordó que su vida no consistía sólo en esperar de los demás, sino exigirse y salir adelante con todos sus pesares. Así que decidida, se acerco a la barra una noche, se acerco al hombre que la había dejado pero que ella aún amaba y se enfrentó a él, con ese carácter que nunca había sacado, demostrándole que en ella estaba la mujer que él nunca había visto, lo besó con fuerza y él correspondió como nunca antes, ante la mirada atenta de uno de sus amigos, que lloraba esperándole en el fondo del bar y que escuchaba en su cabeza: "va a volver a caer". Pero ella, segura de sí misma, fuerte, impasible, lo dejo ahí, volvió con su amigo, lo abrazo y le dijo: "nunca más, no volveré a ser su muñeca de porcelana". Enamorada pero con dignidad, consiguió olvidarle después de mucho tiempo, consiguió ser feliz y nunca le faltaron los abrazos, ni la fuerza, ni la música y no volvió a necesitar sentirse amada, porque con eso aprendió que le bastaba para estar a gusto con su vida."
Ana Belén.
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