miércoles, 26 de junio de 2013

Sin sentidos.

Sin rumbo, sin ruta, sin sentido... 
sin ti, sin mi, sin un nuestro, sin un suyo,
sin corazón, sin ropa, sin sentidos...

"Si la memoria no me traiciona, recuerdo aquel día como si fuera ayer, sus manos resbalaban tiernamente por mi espalda mientras los tirantes de mi vestido caían por mis hombros, se interno entre mis muslos, empujando cada centímetro de piel hacia su boca entre mordiscos y besos, despedazando lo poco que quedaba de mi, volviéndome loca sin saberlo. Entregándole mi desnudez, advertí su mirada llena de deseo, embriagado, beso mis labios en un intento por recuperar la cordura, y no fijarse simplemente en mi ropa interior... Lo apreté contra el cabecero de la cama, necesitaba sentir su pecho contra el mío, sus manos acariciándome, el latido de su corazón y caí rendida en su boca, mordiéndome el labio inferior, susurró las palabras prohibidas "te quiero" y desee no estar ahí en ese momento. ¿El esfuerzo era mío o de él?  

 En ese momento, con la pregunta en mi cabeza, le facilite mis pechos y desabroche mi sostén, atónito, corono con un beso cada uno y los acarició con la yema de sus dedos... "¿por qué no dices nada?" susurró y creí morir de nuevo cuando le conteste "no necesito palabras ahora, solo hechos, necesito que me quieras". Dicho y hecho. Sin mucho esfuerzo, me cubrió con su cuerpo, descubrió mi sexo y se adentro en mi boca de nuevo, le agarré con mis piernas, si así como suena, soy bastante fuerte. Me canturreo una canción al oído para hacerme reír mientras luchaba por seguir dentro de su boca, pero fue inútil y mientras canturreaba, besé su dulce cuello...completamente mío.

 Le desnude lentamente, mientras sus caricias apretadas se deslizaban por mi trasero, le gustaba... le hacia sentir especial, y lo cierto, es que él lo era, por mucho que me fastidiara admitirlo. Cedí un poco más, y le deje internarse de nuevo entre mis piernas, allí estaba él, haciendo que me restregase por sus sábanas, le maldecía y a la vez le adoraba, gemía un poco, mientras sentía como disfrutaba de mi humedad, uno, dos, tres.... dentro y fuera, sin parar, y cada segundo más perdida, no sé que hacia conmigo.  Me dijo "mírame a los ojos" y lo hice, ahora no me resistía a sus órdenes, solo me dejaba llevar. Lo cierto, es que no le toque... él entró con mi aprobación y con la protección necesaria, diciéndome al oído "no te mereces eso, no por ahora y conmigo si no me lo pides tú", sentí mucho alivio y me deje llevar, arqueada en el orgasmo, me sentí única, viva y a la vez terriblemente desnuda, por dentro y por fuera... solo observándome sabía todo, sin decir nada, sin indicar y acabamos, agotados, mirándonos... "



Ana Belén Úbeda Bernal.




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