“Por si me preguntas,
te asegurare que ya te he olvidado, que ya he borrado nuestras
conversaciones y has vuelto a ser para mí el mismo colgado de siempre. No
volveré a asomarme a tu precipicio de pasiones, de adicciones, de descaros, de
canciones y me mantendré firme en mi torre observando el firmamento. Sin embargo, sé que vagaras solitario por los
callejones de tu ciudad, buscando mi reflejo y que cuando me vuelvas a ver el
arrepentimiento corroerá tus venas como ponzoña por no haber hecho las cosas
bien o porque tú, en el fondo, no me has olvidado. Todo será como siempre en el
próximo encuentro, indiferencia y tensión sin razón, ya no más penas
compartidas, ya no más cebada helada en nuestros vasos.”
Ana, precioso relato y muy conmovedor.
ResponderEliminarMuchas gracias :)
ResponderEliminar