martes, 5 de noviembre de 2013

"Ojala pudiera clamar un te quiero al cielo"

"Destilaba emoción su mirada cuando lo vio atento a la nada en aquel oscuro páramo esperando por ella, su equipaje no era más que un viejo macuto de cuero algo deshilachado y sus esperanzas iban en el, acaricio la espalda de su compañero y beso su nuca con el tierno amor que le profesaba mientras él, cada segundo más nervioso, lloraba por el dolor que le causaba tener que irse. Lo cierto es que aquel viaje largo iba a hacerle bien a ambos, habían descubierto que alejándose del mundo durante una semana podrían recuperarse de sus respectivos temores y dolores, y podrían amarse sin complicaciones, sin miedos.

 Él, caballeroso y aún algo triste por irse sin avisar a nadie de su viaje, abrió la puerta del coche y la ayudo a entrar, acarició su cuello con suavidad y beso su mejilla con la ternura que lo haría un niño, le daba las gracias por aquel sentimiento puro que en ella había despertado. El viaje en coche prosiguió sin más complicación, se irguió La Giralda ante ellos, asombrosa e imponente, recordándoles que eran demasiado pequeños y pronto llegaron al hostal, bastante cuco y limpio para lo que se podía esperar de algo económico, y acomodaron sus cosas, en camas separadas como él había requerido.

 Entonces, sin más dilación, él se tiro sobre la suya despidiéndose de su camiseta y llamando a su familia para que al menos estuvieran tranquilos y ella hizo lo propio, tras la pequeña discusión, volvió a la habitación, ya con su pijama puesto y con el pelo suelto, sus rizos cubrían ya sus hombros y dejaban ver una melena castaña con reflejos rubios que se mecía bajo el fulgor de la luna llena que asomaba por la ventana. La miro y a pesar de sus miedos, se quedo prendado, preso de aquellos dos ojos, de aquella sonrisa y de aquella actitud de: me da igual todo mientras estés a mi lado. Sin mediar palabra, se sentó en el borde de la cama y tomo de su mochila un paquete de tabaco, salió al balcón y ella suspiro, sabía que no le diría nada... pero todo cambió y con su voz ronca y algo cansada susurró desde el balcón:

-Ven aquí, por favor.
-¿Qué quieres? -Lo abrazo sin miedo por cintura y acarició su pelo con suavidad-.
-Hace una noche preciosa, como tú con ese pijama... - Se rió tímidamente-. No sé me ocurría nada mejor para expresar lo que he sentido cuando te he visto entrar... estas impresionante y no sé como puedes estar tan feliz.
-Estoy feliz por el simple hecho de que decidieras que esto era lo mejor para aclararte y que al menos, aunque todo salga mal, me dejes mimarte por unos días... lo necesitas tanto. Y no necesito que me digas cosas bonitas, soy feliz nada más viendo el brillo de tus ojos.

 Y entonces él, se giro, y saliendo de su frialdad por un maravilloso instante, la estrecho en sus brazos dejando que el calor atravesara las prendas y destruyendo sus barreras por un segundo que pareció eterno, dándole las gracias por estar ahí, por hacerle sentir que no estaba solo y que podía volver a comerse el mundo.

-No puedo decirte te quiero con palabras, pero mis actos tratan de expresarlo de una manera especial... poco a poco, sin prisas, tenemos una semana para volver a ser nosotros, para dibujar un nuestro en el cielo....

Susurró él a modo de canción y dibujo un beso en sus pequeños labios....

Ana Belén Úbeda Bernal

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