Me encuentro ante Susana Fortes una vez más, autora capaz de transformar
una bella y real historia de amor, en una ficción sin precedentes, moviendo las
fechas y alejándose en todo lo posible de la herencia y biografía literaria,
pero siempre salpicada del sentimiento real lleno de sofisticación. En sus 291
páginas nos revela la lucha entre lo que conviene y la pasión que nos lleva por
el camino de la locura, a un enfrentamiento entre el ser real y el alter ego literario. Porque Díaz- Ugarte y Kate Moore no son otros
que Pedro Salinas y Katherine Withmore,
esa americana que enamoro al profesor y ese profesor que cayó en las garras de una
sonrisa tierna y entusiasta.
En un análisis formal, alejado de todo
sentimiento u opinión propia, tenemos la composición de diálogos y pensamientos
que sostiene la protagonista a través de la voz de la narradora omnisciente
enfrentados a algunos pensamientos y capítulos sostenidos a través de la vista
del profesor. Una especie de confrontación alma-cuerpo ante la pasión
irremediable que conduce hasta un final poco menos que inesperado para los
soñadores y esperado para los pesimistas. Un final que se vislumbra bastante
claro ya en los últimos capítulos.
España, 1936.
Con la fecha se puede decir mucho más que con una síntesis del libro, un
crimen, miradas, un interés común, la literatura y una lucha común y
transgresora : la libertad. Esa que es posible en la Kansas de aquellos años,
lejos del Crack del 29, pero impensable en una España salpicada de corrupción,
de lucha fascista contra la República, de nobleza, de apariencia. Y detrás de
todo esto, de la persecución a Díaz-Ugarte, un gran amor que traspasaría los
límites de la razón y del compromiso social y político.
Y ahora es el momento de focalizar hacia el
interior, hacia el corazón de la obra, la presencia de la amistad entre
Díaz-Ugarte y Pedro Salinas, y a la vez su enemistad literaria, dos hechos que
no son más que la transposición de la mente del escritor contra la del hombre,
la escritora nos presenta a un escritor desdoblado entre su “yo-real” y su
“yo-literario” junto a un final inesperado o quizá desesperado, versos de
Salinas salpican el libro, como su presencia, su nombre, y su vida se mezcla
con la de Díaz-Ugarte, demostrándonos la relación de libertad de la escritora
con la historia literaria.
“En la
vida siempre hay un momento en que se rompe un jarrón y todo queda hecho
añicos. Por lo general, la gente se pasa el resto del tiempo tratando de
recomponer los pedazos. Después las cosas simplemente suceden”.
Pero este corazón, este enfrentamiento tienen
su desencadenante en Kate, el hastío del matrimonio por interés ante la
libertad fulgente de esa joven, esa chica que no era más que una filóloga en
ciernes y que se verá obligada a inscribirse contra un régimen que era de todo
menos libre, lleno de intereses, de falsos testimonios y que, contra todo
pronóstico, le daría sus horas más felices y también las más dolorosas y le
hará aprender que lo único que nos hace libres es la literatura. Una guerra que
estallaría tan pronto en España como en su corazón y que la hará madurar
siempre demostrando su inteligencia.
Sin dar más datos interiores, vemos en la
historia la personalidad de aquel escritor enamorado y de aquella misteriosa
mujer de la que nunca han publicado sus cartas. Y como cierre magistral, la
siguiente cita nos lleva a la clave del libro, a la clave de un amor eterno y
colectivo, que se llena en esta obra de una transformación ficcional y que
forma parte de la observación heterodiegética:
“ Le
había costado mucho domesticar sus emociones y de improviso unas pocas palabras
en español amenazaban con hacer saltar por los aires todo el dique de
contención . Al otro lado del dique discurrirá como siempre el río turbulento
de la historia. Hay épocas en las vida de las personas que no son nada, puntos
insignificantes en medio de las grandes tragedias colectivas. Lágrimas en el
océano “.
Ana Belén Úbeda, un humilde proyecto de filóloga.
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