martes, 16 de agosto de 2016

Mis musas cantan de nuevo: evolución.

        Este poema, sin métrica, ni rima, va en consonancia con mi estilo de hoy, aunque en los últimos tiempos he sido reticente a usar mi blog, he decidido que los tiempos cambian, pero esto es mío, forma parte de mi evolución y de mi cambio de vida. Precipitado, sí, pero muy necesario. Me he deshecho de afectos que bloqueaban mi mente y he vuelto en mí para dar guerra, sobretodo después de comprender que la palabra puede traspasar el corazón y el alma, y que es un arma más para ser feliz, para cambiar el mundo, sin hacer sangre. Sin embargo, todo este camino no ha sido cuestión de conseguir el título que me convierte en graduada en ese monstruo llamado Grado en Lengua y Literatura y no como debería ser Filología  Hispánica. Tras cuatro años duros y de difíciles decisiones, aunque algunos piensen que mis lágrimas eran impostadas, aquí estoy y seguiré haciendo versos y quizá historias, microrrelatos, lo que sea menester por seguir cultivando algo que lleva sentimientos allá dónde quizá mis palabras de aliento no llegan. Y lucharé, porque este sueño no es solo mío, también tengo una gran compañera que está a mi lado. Así que, sin más dilación, y tras exponer las razones de mi cambio de poética o de la revelación de esta misma tras mucho tiempo perdida, quiero darle las gracias a mi Maestro, quizá no de título, pero si de corazón y él lo sabe. Maestro no es el que enseña contenido, sino el que enseña pasión por algo y deja la luz del faro encendida cuando todo está apagado. Mi profesor y la primera persona que vio en mí, una suerte de poetisa. 

 Maestro

“When routine bites hard,
And ambitions are low,
And resentment rides high,
But emotions won't grow,
And we're changing our ways,
Taking different roads.

Then love, love will tear us apart again.”


(Joy Division)

Quién fue el primero
que creyó en mi letra,

inocente y desengañada,
en una carta de despedida
sin la e.
Maestro de la lengua,
me recomendó aquella canción,
cuando sufría 
por mi “primer amor”.
Quién fue el primero
que creyó en mí como alumna,
y vio en mí a la mujer,
que ahora soy.
Llena de miedo fui Avy,
ahora me reconozco
con mi nombre: 
Anabel.
Conocí el amor
en la literatura
y la felicidad 
en aquella primera antología
donde Machado
se encontraba con Lorca 
y la Impresión de la Habana.
Decidiendo,
bajo el designio de mi guía,
estudiar filología
y verme ahora,
en su camino.
Quizá, 
aquello de “la punki”
ahora tiene una razón,
no el jersey a rayas,
sino el rostro,
que dará mi poesía 
a los sin voz.


Ana Belén Úbeda Bernal



No hay comentarios:

Publicar un comentario