"Cada mañana se levantaba retorcido en la cama, ninguna noche era buena y todas se llenaban de las más diabólicas pesadillas, la realidad es que todo aquello que había estado tomando ya le estaba pasando factura y lo único que le curaba era poder verla en sueños cada cierto tiempo. Hacia un tiempo que había dejado el alcohol y las drogas por ser un mejor hombre, y todo aquello que le atormentaba poco a poco iba desapareciendo, las culpas se diluían en su coca-cola mejor que en tequila. Como cada fin de semana, cogió su coche y fue con sus amigos a una cala perdida, siempre se peleaban al hacer la hoguera y siempre acababan metiéndole hielos por la espalda al mismo amigo o acababan cantando flamenco sin ningún sentido, pero el mar le hacia recordarla, la calma y la tempestad, eso era ella. Volvió a casa algo más animado, y vio un mensaje suyo, noticias por fin...
La fatídica noche en que se habían separado, hubo amor, lágrimas y un beso demasiado largo como para olvidarlo, su cuerpo era la perdición, sus ojos la oscura gruta por la que quería pasear toda la vida y sin embargo, nunca consiguió decírselo, solo llevarla una y otra vez a la locura, haciéndola esclava de sus propios deseos. Deseo volver a tocarla con la misma pasión pero más suavemente, deseo que no se hubiera ido tan lejos y sobretodo deseo que no estuviera sola. De nuevo en aquel bar, como siempre una camiseta ancha, un pantalón vaquero y una mirada furtiva a aquel par de piernas cubiertas por unos vaqueros rotos, unas plataformas azules y una camiseta blanca, allí estaba, con su misma cara de niña y su aspecto de mujer, dejándole claro al mundo que había vuelto para quedarse.
Un saludo decente, solo dos besos y un tenue abrazo que se diluía entre aquel grupo de amigos, un par de besos en el cuello, una caricia lenta en la cintura y de nuevo estaban juntos, pero esta vez de verdad, no como un rollete... al salir se despidieron, volvieron aquellas miradas de deseo mezcladas con un oscuro sentimiento que nadie acertaba a descubrir, aquella esclavitud física y sexual que se habían procurado, aquel miedo a todo y a la vez a nada. Volvió la música, la voz ronca al final de la estancia, volvieron ellos dos, su felicidad y sus ganas de romper con todo..."
Como el mar, así la encontró,
pérdida entre las olas,
deseosa de un lugar donde anidar,
como el mar, así volvió a la orilla.
Húmedos recuerdos de un verano,
húmeda confusión,
húmedos acordes de guitarra,
recuerdos sin corazón,
miradas sin dueño,
oleajes pasión....
Como el mar, así la encontró,
como la arena encuentra al agua,
como el sol ilumina cada mañana...
Ana Belén Úbeda,
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