lunes, 8 de julio de 2013

Descubriendo nuevos mundos: "Los cien golpes" de Melissa P.

"La adolescencia como infierno", así defino a este libro, es un viaje por la adolescencia de la autora, por un hondo vacío que la hace entregarse a los más desgraciados demonios y a los más descastados placeres del sexo y del dolor, es la entrega a lo sórdido y es un gran viaje por ella misma, por esa época en la que todas las chicas se plantean si quieren ser princesas o simplemente mujeres. En sus 63 páginas podemos encontrar el dolor de darle su virginidad a un chico que no la quiere y que la tacha de mentirosa por no tener himen, a un hombre casado e infeliz que la somete y al que ella castiga, a un profesor particular tan desgraciado como aquel estudiante de derecho que la hace ser violada y tomada por cinco hombres más, a  un mejor amigo que se convierte en travestí, a una pareja homosexual y una única experiencia lésbica.

 Ella es una chica que no sabe que es amar y que es ser amada, que busca la belleza y no el amor, que busca el placer por el placer tras el desengaño y que ve en sus pesadillas el mismo infierno al que se somete, desahogando en su diario cada día de esos dos o tres años su pérdida de identidad, su falta de amor propio, ese que antes la hacia auto-complacerse y que poco a poco la hacia alejarse más del espejo, pero un día de repente, en una mirada ve algo que la pierde por completo, a su príncipe, ese que la hace decir no al último pecado y al que evita unos cuantos días. Digamos que como colofon no está nada mal, demuestra que existe la luz al final del túnel, un hombre que no se cansa de buscarla, ni de amarla, ni de esperarla, que ve a Melissa, no a la niñita, o a la zorrita, o a la lolita con la que antes habían jugado tantos hombres. Y así empieza a salir del infierno y con su ayuda vuelve a quererse a sí misma, a darse esas cien cepilladas en el pelo antes de dormir.

 La corta biografía relata como alguien puede salir del hondo pozo donde entró sin querer o por desesperación, donde las manos se convierten en garras que te arrastran al Hades y del que solo tú puedes salir con o sin ayuda, muestra que no hay que abandonarse a los deseos de los demás para darles lo que no te dan. Ademas es más que evidente que los príncipes no existen, pero en mi más estricta opinión, el chico que la saca de todo eso, lo es. En la vida solo hay un siempre tuya, y la expresión hacer el amor suele quedarse bastante grande en demasiadas ocasiones, amar es dar y recibir, es entregarte al otro esperando que se entregue a ti, es crear ese lugar bello y lleno de confianza donde las dos personas son uno, hacer el amor es expresar con nuestros cuerpos y nuestras almas lo que nuestras bocas no se pueden decir. Y así acabo con esta pequeña narración nacida justo después de leer el libro en dos horas y doy las gracias a mi amiga Miriam por seguir ahí después de 7 años aguantando mis calentones de cabeza.

 "Acarició levemente mi espalda y me descubrí sentada sobre él a horcajadas, sufriendo la presión de sus vaqueros sobre mis braguitas, quería morir, su mirada estaba matando el poco orgullo que me quedaba como mujer y las pocas ganas que me quedaban de dejar de ser una niña. Una presión en el pecho se empeñaba en salir y solo quería llorar, su nombre resonaba fuerte en mi cabeza y aguantaba las lágrimas para ahogarme un poco más por dentro, ¿quién era esa? ¿Qué estaba haciendo? Él sordo y ciego ante mi cuerpo imperfecto, apretaba mis nalgas con sus manos y trataba de desnudarme a ratos, buscando mis pequeños pechos, pedía auxilio pero yo misma me había metido allí. Arqueada sobre él, le veía perdido, susurrando palabras que ni él mismo creía y que yo deseaba no escuchar, deseaba volver a ser la chica de siempre, impasible y fría. Cedí y bese su cuello sin ganas, descubriendo en mí a la fiera que empujaba por caer en el pecado... por caer en el más helado infierno en los brazos de aquel repulsivo hombre que encerraba en sus manos mi cuerpo nunca acariciado con suavidad, de mi corazón nunca amado frente a frente sin miedo... y decidí que cuando saliera de allí, volvería a ser princesa y que nunca más cedería a deseos que no fueran de verdad."


Ana Belén Úbeda Bernal.



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