jueves, 29 de mayo de 2014

Más política que poética.

Más política que poética, se acabo el amor, el idealismo,la utopía, ahora el objetivo, es existir. La migración hacia el interior de uno mismo, es la solución. Debes conocerte a ti mismo, para saber quien te representa, es la clave número uno del ciudadano en una sociedad "democrática", es la clave para no caer en el determinismo de la sociedad, sino luchar por tus valores acompañado de tu representación, si la tienes... Europa se está convirtiendo en un gigante descabezado, que acabará por absorber todo a su paso, por hundir la conciencia social y proclamar valores "nacionales" individuales que volverán a sumirnos en depresiones más típicas de las décadas pasadas, crisis que no son solo económicas, sino también son fuertes crisis ideológicas que nos llevan a buscar refugio en idearios con sistemas aplicados en comunidades, donde NO funcionan. 

 La utopía socialista es inalcanzable en cualquier país, sus consideraciones al final llevan a la educación al punto de la no expresión como sucede en países asolados por la manipulación electoral, a la ruina de las clases medias bajas y pobres que aunque parecen ser ayudadas se encuentran más desatendidas y a expensas de lideres populistas que dicen lo que el ciudadano quiere escuchar, por tanto, al igual que la derecha no debe ser extremadamente fascista, la izquierda no debe ser radicalmente marxista, capitalista o, en su modelo actual, chavista. En países como el nuestro, España, solo existen aparentemente dos corrientes, un capitalismo extremo, también a cargo de la izquierda  y el centro, y un resurgimiento del socialismo utópico. 

 Por tanto, nadie debe proclamarse vencedor, no hay que lanzarse misiles políticos envenenados que no llevan a ningún lado sino a una población descontenta cegada por no poder proclamar su opinión que se pone en manos de gente que no le representa, y que como ya he dicho antes, no se conoce a sí misma y debe migrar hacia su interior y encontrar en su mundo, lo que desea para su país.

Ana Belén Úbeda.

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