Enraizada esta mi anima a tu tierra,
como la aromática hoja de menta al tallo,
poseída entre tu mirada y tus brazos,
descolorida entre la niebla del desamor.
Enraizada, arraigada, endurecida,
cual roble centenario cercano al asfalto
que pena por su final.
Enraizada, esperando, sin llorar,
confiada en que esta vez la regaras,
cerca del horizonte soleado.
Se seca sin ti, pero ama contigo,
sega tus campos, acaricia tus sueños,
la miras, se desgarra, la aras y besas.
Que entre infastuoso dolor se pregunta:
¿qué es mi corazón sin dueño?
Una bohemia vagando en soledad,
soñadora de cosas imposibles,
esperando la muerte sin sonrisa.
Ana Belén Úbeda.
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