Me recibió con aquel pijama cosido de ideas que en mi sueño simulaba las estrellas moteadas de color rojo sangre, me recibió con aquella mirada penetrante de patrones oscuros y de anhelos ahogados y puros, me recibió con aquella indiferencia elegante mezclada con humildad y así me convertí en esclava de su oscuridad. La lluvia de sol entraba por la ventaba, y las gotas del calor corrían por nuestra piel, todo era ignoto para mí y sin embargo, atrayente y peligroso, no comprendí hasta bien entrada la noche que me había llevado a la más sumisa locura, hasta ese desconocido lugar entre su pecho y mi paciencia. El cristal algo sucio reflejaba el firmamento con la crudeza misma del paisaje despejado, de la lejanía de la ciudad, del adiós a la luz artificial y en sus ojos me descubrí asombrada por toda aquella belleza.
Antes de convertirme en esclava de su oscuridad tenía que desnudar mis sentimientos ante él, y así lo hice, recite mi último poema, un orgasmo de penas, un jadeo contra la sociedad salpicado de amor y desengaños ebrios, sin duda, la creación había llegado a mis manos de su inspiración. Y vislumbrando un mundo de posibilidades, pose ante su caballete, desnudando mis sentimientos pero no mi cuerpo, con un ligero conjunto de cuero del más puro estilo masoquista, demostrando que cada cuerpo es perfecto dentro de su imperfección y que el interior de una mujer es lo que se refleja en el cuadro. Horas y horas quieta, dejando que captase mi esencia en conjunción con las luces del cielo, horas y horas de risas, que sin duda me demostraron que la oscuridad del artista no es solitaria.
Llego la mañana, cada vez más malhumorada, haciendo que el sol volviera a entrar por aquella vieja ventana, de madera de roble y algo astillada, y me descubrí aún vestida entre aquellas suaves y níveas sábanas que cubrían de forma insinuante mi cuerpo, velaban mi sueño bajo la atenta mirada del artista y dejaban ver mi debilidad, mi propio amor. Y así me entregue a aquella pintura de pasión y realidad, no era un él o un yo, éramos uno jugando a crear un mundo azul lleno de brillantes destellos, de verdes paisajes, de oscuros anhelos y pasiones inquebrantables. Un volveré aquí, una y otra vez.
Ana Belén Úbeda Bernal.
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