sábado, 14 de septiembre de 2013

Insomnio

"Un mínimo movimiento puede condenarte al más misero de los infiernos, lo sabes y por eso no te mueves, te mantienes quieto, buscas consuelo en el viejo crucifijo de la pared y rezas a un Dios en el que nunca has creído. Le has pedido que te llegue el olvido, pero el agua ya te llega a los pies y pronto estará a la altura de tu cadera pugnando por hundirte en el fondo del barco. Tu Salvador no existe, no es más que la vana ilusión que te has creado. Creyéndote atrapado no luchas por salir de ahí y el agobio se reactiva en tu mente, un pozo negro sin salida, has empezado a hundirte en tu propio insomnio. No duermes, no sonríes, ya no amas y el deseo te corroe las venas, tu propia confusión te hunde en la locura más duradera y cada vez que cierras los ojos sobrevienen las pesadillas. Te estas ahogando en ti mismo, no ves la realidad y más allá de todo, tu ángel te espera.  Más ahora te toca mover brazos y piernas, ya está llegando a la cintura y una alargada serpiente negra se está comiendo tu interior, llenándolo todo de ponzoña e infestando las heridas que te has provocado por falta de valor, arrojo y amor propio. Tienes una última oportunidad para salir de ahí, para dormirte en ese agua y caer sobre el colchón que ella dejo, donde aún te queda una oportunidad de descansar al lado de su eterna sonrisa. Déjate hundir, esta vez no estás solo, le queda un abrazo, una creencia y una canción para ti. Y vas abriendo los ojos otra vez... "

Ana Belén Úbeda

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