sábado, 26 de abril de 2014

Promesas de amor verdadero de un Dios que no existe.

Huí, aquel jardín oloroso,
me recordaba a promesas,
a mentiras,
a objetivos sin cumplir.

Huí, aquel jardín oloroso,
estaba repleto del hedor
de la muerte temprana,
del desengaño inaudito.

Huí, aquel jardín oloroso,
me recordaba a su pecho,
que un día fue prisión dulce
del engañoso y hábil invierno.

Una vida huyendo
de estrellas que robaban mi sangre,
de mosquitos que hacían mi volar mis pensamientos.

Una vida huyendo
del andrajoso manto del amor sobre mi cabeza,
de las estrechas ropas apretando mi corazón.

Suspiro de papel mojado fue
en mi mano, las cartas sobre tu existencia.
Un día más, esclava en el Edén de los Perdidos,
a Tánatos suplicando por una muerte pacífica y lenta.


Ana Belén Úbeda Bernal

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