Melancólica y distante, cual musa en tu poesía, desperté en un poema desgarrador y áspero. Inmutable, sentada sobre la playa empedrada, miraba las olas y tú, soñabas con poseerme, pero te paró mi lectura: "Confieso que he vivido". Dejaste caer un suspiro de amor, quejido de hombre. Otro poeta, te había robado las llaves de mi alma: Pablo Neruda que ahora colonizaba mi corazón con su prosa. En el placer de la lectura, penetraron los rayos de sol y en el intermedio, antes del orgasmo literario, te negué mi corazón. Lucha por mi, y no te rindas, solo otro poeta más experimentado puede robar mi corazón, ante el olor de las aguas saladas en la playa de Mazarrón.
Ana Belén- Entre las sombras de tu cabello...
Cosas que se escriben tras mañanas de playa y lectura en la arena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario