martes, 3 de julio de 2012

Poema temprano y doloroso...

Desperté a eso de las siete, soñadora e inerte,
miré el reloj, suspiré y sentí de nuevo ese dolor,
dolor que se convierte en vida por falta de amor,
pero mis ojos inquietos gritaban tu nombre
y mi cama vacía susurraba tu olor.
¿Me había vuelto loca?

Se murmura allá en la plaza, que has vuelto,
para arrancar de mi la última ilusión,
esa que tú alimentaste con promesa,
que tú no pudiste parar.
Desperté a eso de las siete y media,
esperando curar tu pesar...
y sentí de nuevo tus caricias.
¿Me preguntas cómo eran?

Eran dulces e inocentes, como el juego del amor,
peligrosas y crueles, como la propia pasión,
era el juego de nuestros cuerpos...
quizá, si... haciendo el amor.

Y me sentí extasiada, exhausta,
desanimada, de nuevo triste y atormentada,
porque la maldita realidad es que no estabas,
porque mientras yo... ciega de mi te esperaba,
tu recibías la muerte de manos de la Parca.

Entre las sombras de tu cabello. Ana Belén.

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